Valeria Chavez – Infoae

Los discursos de bienestar a veces encubren el retorno de estándares corporales poco saludables, según los especialistas. Cómo promover una relación sana con la comida y el cuerpo desde la infancia.

Hubo un tiempo en el que los estereotipos de belleza dejaron de presentar cuerpos delgados como hegemónicos y se dio lugar a lo que conocimos como la aceptación de los “cuerpos reales”.

“De los cuerpos ajenos no se opina”, debieron aprender los adultos, y así empezaron a ser educadas las nuevas generaciones. Sin embargo, bajo el disfraz de estilos de vida saludables, el culto del ejercicio físico, y la búsqueda del bienestar, los especialistas alertan que hoy se esconden nuevas formas de obsesión corporal.

El fenómeno, que atraviesa redes sociales, la industria de la moda y la medicalización de la obesidad, suscita preocupación en consultorios, donde cada vez más, los especialistas dan cuenta de cómo el discurso cambió de “quiero ser flaca” a “quiero desinflamarme”, “optimizar mi metabolismo” o “comer limpio”.

¿Un regreso del culto a la delgadez disfrazado de salud?

Para la médica pediatra, especialista en nutrición infantil y adolescente y miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) Marisa Armeno (MN 108.583), “hoy la delgadez extrema ya no se presenta como un ideal estético explícito, sino como un supuesto objetivo de salud”.

Consultada por Infobae, la especialista contó lo que observa en su práctica diaria: “Restricciones innecesarias de grupos de alimentos, miedo irracional a carbohidratos, ayunos prolongados sin indicación médica, o listas cada vez más largas de ‘alimentos prohibidos’”. Todo, según ella, “se legitima con lenguaje pseudo-científico. El problema no es la búsqueda de salud, sino cuando esa búsqueda se vuelve rígida, obsesiva y desconectada de la evidencia”.

Desde la perspectiva de la médica psiquiatra y miembro de la Academia de Trastornos Alimentarios Juana Poulisis (MN 97.898), “hay una reconfiguración del culto a la delgadez, y la forma en que se presenta es bajo el discurso de bienestar, estilo de vida saludable”. Poulisis señaló que en la práctica clínica “todo está hiperfocalizado en composición corporal, si tiene suficiente porcentaje de grasa, masa muscular, conductas muy rígidas, como eliminar grupos de alimentos como hidratos de carbono. Se idealizan los cuerpos tremendamente delgados, pero fit”.

Por su parte, la médica pediatra especialista en Nutrición miembro de la SAN y directora médica del Instituto de Nutrición y Metabolismo Infantojuvenil Irina Kovalskys (MN 80.503) sostuvo que “el culto a la delgadez se mantuvo, especialmente en ámbitos como la moda, la publicidad y ciertos entornos sociales”, aunque reconoció que también hay mayor conciencia sobre la diversidad corporal y el reconocimiento de los trastornos alimentarios.

Conductas y señales de alerta: ¿dónde está el límite?

El auge del estilo de vida “fitness” puede funcionar como una máscara socialmente validada para los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Armeno advirtió: “El estilo de vida fitness puede ser una máscara perfecta para un trastorno de la conducta alimentaria. Porque socialmente está validado. Nadie cuestiona a alguien que entrena todos los días, pesa su comida o evita ciertos alimentos, incluso cuando esas conductas son extremas”. La especialista distingue: “Comer saludable no es lo mismo que tener miedo a comer. Entrenar no es lo mismo que sentir culpa si no entreno”.

Kovalskys señaló en el mismo sentido que “las obsesiones pueden expresarse de múltiples formas, pero en el caso de la alimentación existe una línea clara entre conductas de autocuidado y patrones rígidos y extremos”. Y precisó: “Esto deja de ser saludable cuando aparecen conductas como evitar sistemáticamente situaciones sociales por no poder controlar la comida, sentir culpa intensa al no cumplir con el plan, o dedicar una cantidad excesiva de tiempo y pensamiento a la alimentación y al ejercicio”.

Con ellas coincidió Poulisis, para quien “el estilo de vida fitness está totalmente validado y no es criticado, pero el límite está en el grado de rigidez, cuánta angustia, cuánta disconformidad hay, cuánto tiempo le toma a la persona este tipo de vida saludable, cuánto impacta en su vida social y emocional”.

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