El uso de fármacos para tratar la obesidad genera debate por el uso “off label” que de ellos se hace en el contexto de estos nuevos ideales. Poulisis subrayó que estos medicamentos “tienen un rol superlegítimo en el tratamiento de la obesidad, que es una enfermedad metabólica, y la verdad es que son maravillosos para esto cuando están bien indicados”. Sin embargo, advirtió sobre el uso fuera de indicación médica: “El problema es cuando va el paciente directamente y lo compra porque no se pide receta, o se lo inyectan en una institución de estética. Está totalmente banalizado su utilización”.

Armeno aportó que “los fármacos no son el problema en sí. Bien indicados, son una herramienta terapéutica valiosa para una enfermedad crónica como la obesidad. El problema es el uso fuera de indicación y el mensaje que se construye alrededor. Hoy se utilizan como atajo estético, no como tratamiento médico. Y eso refuerza la idea de que el cuerpo puede ser modificado rápidamente, de forma farmacológica, para cumplir con un estándar”.

En la misma línea, Kovalskys aclaró que “el problema no es el avance científico, sino su uso inapropiado. Los pacientes que utilizan estas medicaciones sin indicación clínica podrían no solo verse más delgados, sino también desnutrirse, perder masa magra y presentar complicaciones de salud innecesarias”.

Las redes sociales y cultura digital como amplificadores del ideal corporal

Las redes sociales y la industria de la moda potencian y difunden rápidamente estos modelos corporales. En la mirada de Kovalskys, “las redes sociales pueden ser especialmente nocivas en la adolescencia, una etapa de alta vulnerabilidad, debido a la exposición a ideales de belleza poco realistas que impactan en la autoestima”. Armeno sostuvo al respecto, que “los algoritmos tienden a reforzar contenidos extremos, no los matices. Dietas restrictivas, cuerpos muy delgados, rutinas intensas; eso tiene más visibilidad que un enfoque equilibrado que es lo que sostenemos los especialistas desde el consultorio”.

Poulisis definió a las redes sociales como “una cámara de eco, que amplifica el ideal corporal constantemente. Todo el tiempo nos están haciendo sentir con la autoestima pésima, nos genera comparación permanente”. Aunque reconoció que la industria de la moda muestra algunos avances en amplitud de talles, consideró que “todavía no se logró lo que, por ejemplo, se ve en Estados Unidos, que realmente hay amplitud de talles”.

¿Hubo un avance real hacia la aceptación corporal?

Sobre la aceptación de los cuerpos diversos, Poulisis recordó que “hubo realmente una gran visibilidad al respecto en las redes, pero no se logró. Este concepto de alguna manera fue reabsorbido por ideales nuevos como el cuerpo fit, ser fuerte, pero flaca.

“La realidad es que esto del alcance de la diversidad corporal se dejó de visibilizar, diría que este año especialmente”, reforzó la psiquiatra.

Armeno coincidió y señaló que “hubo un momento —sobre todo impulsado por movimientos como el ‘body positivity’— donde se amplió la representación corporal. Pero creo que fue más discursivo que estructural. Lo que estamos viendo ahora es una reacción, una cultura digital que vuelve a premiar cuerpos extremadamente delgados, pero ahora con un relato de ‘bienestar’”.

Kovalskys aportó que “el conocimiento sobre el impacto de la delgadez extrema en la salud aumentó en los últimos años, al igual que las iniciativas para reducir el estigma corporal. Estas transformaciones no son lineales y conviven con tendencias que reaparecen”.

Claves para promover una relación saludable con la comida y el cuerpo en niños y adolescentes

El rol de los adultos resulta fundamental para prevenir y abordar los trastornos de la conducta alimentaria en la infancia y la adolescencia. Kovalskys señaló que “una relación saludable con la alimentación se construye progresivamente, con los adultos como modelos y organizadores del entorno alimentario”. Sostuvo que “factores como un peso adecuado, entornos respetuosos y el disfrute del cuerpo desde su funcionalidad actúan como protección”.

Armeno enfatizó en este punto que “los chicos aprenden de lo que ven, no de lo que les decimos. Comentarios sobre el cuerpo, dietas en casa, clasificar alimentos como ‘buenos’ o ‘malos’, todo eso impacta. Los niños no nacen con prejuicios sobre la comida: los aprenden”. Entre los pilares que mencionó (para promover una relación saludable con la comida y el cuerpo desde la infancia), figuran “ofrecer una alimentación estructurada pero flexible, evitar centrar la conversación en el peso o la apariencia y fomentar el registro interno: hambre, saciedad, disfrute”.

A su turno, Poulisis recomendó que “no se hable del cuerpo del otro, no se hable del plato del otro”, ya que todos estos comentarios “son factores predisponentes a un trastorno alimentario”. La psiquiatra destacó la importancia de “ayudar a los chicos a entender las señales de hambre y de saciedad, fomentarles el movimiento como un disfrute y no como una obligación, y estar bien atentos a banderas rojas cuando se empiezan a ver conductas rígidas, restrictivas o de extremada ansiedad hacia la comida”.

Sobre el cierre, las especialistas coincidieron en que la educación crítica y la psicoeducación resultan herramientas clave para contrarrestar la influencia de redes y medios, y construir una relación sostenible y respetuosa con la alimentación y el cuerpo desde la niñez.

https://www.infobae.com/salud/2026/04/13/la-obsesion-por-la-delgadez-adopta-nuevas-formas-en-la-cultura-fit-se-pueden-esconder-trastornos-alimentarios

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